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1 de noviembre de 2010

CONMIGO

Si pudiera quebrar de tu dolor
ese terrible látigo de carne y sal terrible
que te tortura
y me tortura desde dentro de la sangre,
desde el centro mismo del desierto
de tu voz.

Si pudiera arquear la espalda
de ese mar negro,
oscuro y sombrío
como la noche y la niebla
del alma
oscura y sombría
ceñida a tu aliento.

Si supiera dónde hallar la orilla
donde anclar mis manos
desnudas y errantes,
perdidas para siempre,
por siempre veladas
por la helada eternidad de los dedos de dios.

Si pudiera...
Si supiera...

Ahuyentaría el látigo,
el mar,
el velo
de este final acre y espeso
para tenerte nuevamente conmigo...

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