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1 de diciembre de 2010

LA LLAR

 
La angustia estallando
gangrenando las entrañas
de un mar
mecido por la voz
del adiós,
de la afilada eternidad
de una espera
sin piedad.

El fuego, la llar
donde se consumen los abrazos
muertos
las manos inciertas,
la mirada baldía
donde zozobran mis horas.

Sólo queda ceniza…
Ceniza
y la llama encendida
lacerante
que aventa mis ansias,
sumidas en el silencio,
ese mismo silencio
en que me abraso.

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